Dicen que Messi se dejó crecer la barba por cinco razones: porque su padre y sus abogados le dijeron que era el mes de no afeitarse y él –evidentemente– cree todo lo que ellos le dicen para aparentar madurez y seriedad en el juzgado; para entrar en la onda hípster gringa de la Copa América; para que Arda Turan no sea el único barbón del equipo de Luis Enrique, y para poder escapar en caso de ser condenado. Pero ni cábala ni amuleto. La barba no pudo con el maleficio argentino ni con Hacienda. Lionel Messi es de otro mundo. Tiene una capacidad innata para invertir situaciones. Y es que hacer un hat-trick para que el Barcelona remonte un partido es lo de menos. En esta temporada demostró que es más hábil de lo que parece: fue capaz de convertir dos trofeos en algo más valioso que un triplete, un penal fallado en compasión, una renuncia en súplica y una condena de 21 meses de cárcel en un subidón de niveles de idolatría. La magia no solo está en sus pies, l...
"No hay grandísimas novelas de fútbol porque el fútbol en sí mismo es una novela"